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Auf allen
Feldern ringsumher wuchsen Korn, Roggen,
Gerste und Hafer, ja der herrliche Hafer,
der, wenn er reif ist, gerade wie eine Menge
kleiner, gelber Kanarienvögel an einem
Zweige aussieht.
Das Korn stand gesegnet, und je schwerer
es war, desto tiefer neigte es sich in frommer
Demut. Aber da war auch ein Feld mit Buchweizen,
und dieses Feld war dem alten Weidenbaume
gerade gegenüber. Der Buchweizen neigte
sich durchaus nicht wie das übrige
Korn, sondern prangte stolz und steif. »Ich
bin wohl so reich wie die Ähre«,
sagte er,ȟberdies bin ich weit
hübscher; meine Blumen sind schön
wie die Blüten des Apfelbaumes; es
ist eine Freude, auf mich und die Meinigen
zu blicken! Kennst du etwas Prächtigeres
als uns, du alter Weidenbaum?«
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En todos
los campos de aquellos contornos crecían
cereales, tanto centeno como cebada y avena,
esa magnífica avena que, cuando está
en sazón, ofrece el aspecto de una
fila de diminutos canarios amarillos posados
en una rama.
Todo aquel grano era una bendición,
y cuando más llenas estaban las espigas,
tanto más se inclinaban, como en gesto
de piadosa humildad. Pero había también
un campo sembrado de alforfón, frente
al viejo sauce. Sus espigas no se inclinaban
como las de las restantes mieses, sino que
permanecían enhiestas y altivas. -
Indudablemente, soy tan rico como la espiga
de trigo -decía-, y además soy
mucho más bonito; mis flores son bellas
como las del manzano; deleita los ojos mirarnos,
a mí y a los míos. ¿Has
visto algo más espléndido, viejo
sauce? |